4ª feria del libro de Tacuarembó: “la peor feria de libros del país”

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4ª feria del libro de Tacuarembó: “la peor feria de libros del país”

Por Miguel Angel Olivera Prietto

Se realizó en el Club Democrático, entre los días 16 y 20 de octubre pasados, la 4ª Feria del Libro de Tacuarembó. Contaba con una programación más que interesante, que a pesar de ello y una vez culminada, fue un desastre, en consideración de expositores y algunos intervinientes en rubros literarios.

Una feria que no respetó a los escritores ni a los expositores de libros

Las ferias de libros anteriores que se habían hecho en Tacuarembó, todas organizadas por la Intendencia, también fueron desastrosas. La negligencia se evidenció en varios aspectos: organización, concurrencia del público, mala difusión. Pero lo más grave ha sido la escasa comprensión de las autoridades municipales, encargadas de su organización, del valor del libro como sustancia fundamental de cultura. No supieron definir qué significa una feria del libro, ni su contenido cultural, ni de su protagonismo como difusora de las letras.

A la feria, que culminó el 20 de octubre pasado en Tacuarembó, concurrieron siete editoriales y un representante de la Cámara del Libro. Eran ocho personas provenientes de Montevideo que llegaron a nuestra ciudad el martes 16 para acomodar los libros en los stands, que supusieron tendrían a su disposición (el 17 comenzaba la exhibición de libros). Sin embargo se encontraron con que los libros no habían llegado y el personal del club no tenía idea de que iban a organizar algo ese día. Directamente les contestaron, cuando preguntaron, que la feria empezaba al día siguiente y que ese martes no había nada. Tampoco tenían hospedaje reservado. A cargo de traer el material bibliográfico estaba la Intendencia, así como permitir que los expositores pudieran organizarse con tiempo. Fue un día perdido, y la antesala de lo que vendría.

Ya estaban prevenidos.

Considerando las experiencias anteriores, las editoriales habían puesto la condición de mejorar algunos aspectos organizativos. Pero en vez de mejorar, empeoraron, así que, como resultado adelantaron que seguramente la Cámara del Libro no volverá en próximas ediciones.

Lo insólito es que la Intendencia no instaló stands, no adornó y no puso a tono el lugar donde se exhibirían los libros. Debido a ello, cada uno de los expositores tuvo que armar con las mesas del club lo que pudo, exhibir sus libros como pudieron y hacerse cargo de la seguridad. Recordemos que en la feria anterior hubo robos.

A pesar de que la feria anterior casi no tuvo público, por lo menos los stands estaban a la entrada del club, de tal forma que sus escasos concurrentes tuvieran que pasar por ellos cundo iban a las charlas, o a algún espectáculo que se realizara. Pero este año ni stands había, entonces los expositores tuvieron que exponer sus libros en mesas improvisadas en el fondo del salón que está a la izquierda, casi se diría, en un lugar remoto e inaccesible para el público. Parecería que lo menos importantes para los organizadores, fueron justamente los libros.

No hubo público

Hablando con ellos, los trabajadores de las editoriales nos contaron que la gente de Tacuarembó fue amable fuera del club, pero no fueron a comprar libros. También que las escuelas que concurrieron a algunos espectáculos no llegaban a los lugares donde estaban los libros. Es más, algunas maestras llamaban a sus alumnos cuando se acercaban a mirar, y luego se los llevaban a sus escuelas sin permitirles descubrir los miles de títulos y la posible fascinación que podrían descubrir los niños al confirmar la existencia de tanta bibliografía.

En realidad, según los expositores, se tomó como cosa secundaria la venta de libros, y no se consideró el esfuerzo de ellos. Hubo algún reclamo, pero no fue atendido. Un feriante, acostumbrado a recorrer varias ferias, nos dijo claramente: “esta es la peor feria del país; es surrealista, no se entiende cuál es el objetivo.” Otro feriante nos comentó: “la feria de Paso de los Toros fue mejor organizada y vendieron más que en la ciudad de Tacuarembó, a pesar de la enorme diferencia de población.”

En lo personal, una de las últimas ferias de libros que visité fue la de San José, hace unos tres o cuatro años. Recuerdo aquella feria llena de gente y espectáculos artísticos variados, con espacios varios que cubrían muchos aspectos del arte, más allá de la bibliografía que cada editorial presentaba como oferta al público. Al respecto, otro de los expositores nos dijo, comparando la feria de San José con la de Tacuarembó: “en San José vendí 3.000 libros, pero en Tacuarembó, ya al cierre, apenas vendí 60, incluyendo en esa cifra revistas y libros de bajo costo.”

La presencia de Abba Emanuel

La falta de comprensión de la dimensión del hecho cultural por parte de las autoridades municipales, está explicitada en la invitación a Abba Emanuel, a realizar un espectáculo.

Abba Emanuel es una congregación religiosa que aglutina a muchas personas y su centro es un lugar ubicado en el barrio Centenario de Tacuarembó. En una actividad parecida a la de Beraca de Misión Vida, ya que todos los días salen a vender a la calle manufacturas propias, legiones de personas que se recuperan de situaciones sociales difíciles, y así sostener la economía de la iglesia y de los pastores. Tienen una inclinación a estar presentes en diferentes actividades de la ciudad, y así como aportan a la representación educativa de un accidente de tránsito, están en una actividad cultural como fue esta feria de libros. Aunque siempre con interés de conseguir adeptos.

Un feriante nos explicó lo sucedido cuando Abba Emanuel irrumpió en el club Democrático: “su espectáculo duró muchas horas, eran unas 150 personas de la congregación, pero no había público”. Los espectadores eran los pocos feriantes que estaban, varios acostumbrados a otro nivel de feria, sufriendo aquella histeria religiosa. Al respecto nos explicó que a las 22 horas era el horario establecido para su finalización, pero la fiesta religiosa continuaba pasadas las 23, entonces hablaron con Arezo y éste les contestó que pusieran un toldo encima y se fueran, pero eso no les daba ninguna seguridad, afirmó.

Los feriantes se sorprendieron con el espectáculo de Abba Emanuel. No lo entendían por lo grotesco y delirante, por el fanatismo religioso y el mal gusto. Saltaban y se enardecían, y en un momento hacían alabanzas “a los pastores” en forma de rapp, pero con raperos disfrazados de gauchos. Golpeaban tambores histéricamente, y con pocos segundos de respiro, entraba un espectáculo después del otro. Uno de los feriantes, asombrado, nos dijo: “no entendíamos cómo era posible algo así en una feria de libros”.

Pusieron en el programa escritores que no sabían que estaban

Hubo prestigiosos escritores que dieron charlas con muy escaso público, hubo muestras y conciertos de nivel, a donde no iba la gente, más allá de amigos o familiares. Hubo excepciones, como fue la charla sobre Tomás de Mattos, en salón Vera, a cargo de Mario Delgado Aparaín. Pero el fin último, la difusión de libros, estuvo ausente.

La desorganización fue tan grande, que la escritora Susana Cabrera no sabía, al mediodía del día que tenía que dar una charla, que había una feria y mucho menos que tenía que hablar en ella. Eso nos contaron los expositores de libros que Cabrera les había dicho cuando fue a revisar sus mesas.

También en el caso de la escritora y talentosa tacuaremboense Susana Aliano, premio Bartolomé Hidalgo 2015 por su álbum “Chiche, mi ovejero”, hubo problemas. Resulta que la invitaron hace mucho tiempo, pero luego no le confirmaron ni día, horario, pasaje, por lo que supuso que no saldría su visita. Aliano luego se fue a la feria de Frankfurt en Alemania, y cuando regresaba y estaba en Chile, comprobó que en su celular habían mensajes desesperados desde Tacuarembó, porque la habían puesto en el programa, asunto del que ella no estaba enterada.

Todo se explica

En la Casa de la Cultura de Tacuarembó no hay personal capacitado para organizar una feria de libros que cumpla su función específica. No hay gente que tenga un nivel adecuado que sepa evaluar la calidad de autores y artistas. En el caso del director Carlos Arezo, siempre confunde cultura con turismo, por lo que jamás va a entender la importancia de los libros en la vida de los jóvenes, y no gastará un peso en armar stands acordes a la importancia del evento. La feria bien se pudo armar en una plaza, alquilar una carpa, interactuar sí con clubes, permitir la coorganización de docentes de literatura, estudiantes liceales, Udelar, etc.

Fue una oportunidad perdida, y un hecho vergonzoso para todos los tacuaremboenses.

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