Por qué cerramos el semanario LaOtraVoz de Tacuarembó

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Por qué cerramos el semanario LaOtraVoz de Tacuarembó

Por Ana María Barbosa Miguel Angel Olivera Prietto

El martes 30 de octubre publicamos el último ejemplar del semanario LaOtraVoz de Tacuarembó. No hicimos una despedida en esa edición porque al cierre teníamos la esperanza de continuar. Pero los acontecimientos posteriores precipitaron nuestra decisión.

Es nuestro deber decir que algunas empresas, anunciantes en el semanario y los suscriptores, fieles suscriptores, siempre nos apoyaron, algunos desde el inicio mismo de la publicación hace 14 años. Valoramos su actitud, pero son minoría en Tacuarembó.

Ese último martes de octubre entre otras cosas publicamos nuestra opinión sobre el afiche de Patria Gaucha. Allí aparece una pintura del artista Fernando Fraga, que representa una mujer afro amamantando a un bebé blanco. Y los comentarios  a nuestra opinión, en las redes, fue, una vez más, muy violenta.

Es evidente que se representa a una mujer esclava amamantando y no acostumbra la Patria Gaucha, a denunciar algo en su afiche de presentación.

La comisión, integrada por varios patrones del campo, normalmente homenajea a alguien, como lo hizo con Homero Formoso o más recientemente a Franco. Pero puesto así, es explícitamente una reivindicación de la esclavitud y de la obligación de amamantar a los hijos del patrón, porque realmente así fue en el pasado histórico de nuestro país. Se trata, inequívocamente, de una imagen que rememora viejas épocas, en la que esas mujeres afro eran parte de las pertenencias de los señores estancieros de la época.

La no interpretación de esa realidad histórica, tal vez por desconocimiento o romanticismo, provocó que mucha gente, desde la más pura ignorancia, descargara sobre nosotros, en las redes sociales, los peores insultos. Hasta algunas mujeres afro tacuaremboenses salieron a defender a los tataranietos de los amos de sus propias tatarabuelas negras.

Colaboró para ello una imagen poco feliz de una mujer afro pintada por el artista de manera “fashion”, con gesto dulce hacia el hijo de su dueño. Imagen que no refleja el sufrimiento de los esclavos, sin dudas.

Vivimos cosas peores en nuestro semanario. Pero la respuesta de este sector de gente de clase media y pobre, defendiendo a sus patrones sin un mínimo de reflexión, desde la más rancia actitud discriminatoria y clasista, nos hizo recordar una vez más dónde estábamos parados.

Tacuarembó es una ciudad que está pegada a las estancias, y su cultura, así como sus vínculos sociales, son parte de una historia violenta, feudal, clasista y esclavista. Está en la génesis de nuestra sociedad y aún no logra desprenderse.

Existen ataduras de dependencia entre los pobres de Tacuarembó, y el miedo al juzgamiento de los “grandes señores”. Eso provoca que en momentos de decisión, resuelvan defenderlos antes que rebelarse. En los últimos tiempos, los sectores con menos poder se envalentonan en las redes, no personalmente, y asumen una violencia que no mide consecuencias, en respuesta a opiniones divergentes, o que intentan denunciar situaciones como ésta. Reflejando además un alto grado de intolerancia.

Durante 14 años hemos aportado a la sociedad decenas de denuncias de situaciones graves, que afectaban siempre a los más desposeídos, a la franja de población más vulnerable. Lo hicimos con el afán de que se comprendiera la existencia de corrupción en nuestra sociedad, que amparaba a la impunidad, a la injusticia, al delito y a la discriminación en todas sus facetas.

Pero siempre la respuesta fue el silencio total de los otros medios ante estos planteos, el ninguneo de empresas, el juzgamiento a nuestras opiniones, muchas veces con violencia.

Es tanto el miedo que ha provocado acercarse siquiera al semanario, que ya tenemos por costumbre escuchar, cuando entablamos una conversación con alguien, que ese alguien comienza diciendo, “a pesar de las diferencias que tengo”…, y ahí sigue.

Breve historia

El 6 de octubre de 2004 comenzamos una experiencia periodística con el semanario Acción Informativa. A partir del 2013 cambiamos el nombre por LaOtraVoz, pero el espíritu era el mismo, y los que trabajábamos también.

En 2003 hacíamos una publicación llamada Acción Cultural, y la repartíamos gratuitamente a más de dos mil familias en Tacuarembó. La financiábamos con publicidades, pero nuestro objetivo era difundir la labor de nuestros artistas.

Aquello nos permitió acercarnos al cerno del periodismo local, ya que nos habíamos afiliado al Círculo de Periodistas, y comenzamos a participar de algunas reuniones.

En esos días, ya por agosto o setiembre de 2004, el periodista Richard Valenzuela, hoy fallecido, había sido despedido de una radio local, a pedido de la Intendencia de Tacuarembó, debido a que había dado la noticia de que un primo del Intendente había sido procesado por manejos ilícitos vinculados a patentes de autos.

Fue así, que en una de las reuniones del Círculo, pregunté si se iba a tratar el caso de Valenzuela, y si se tomaría posición al respecto. El silencio fue la respuesta, luego un simple comentario de que ese tipo de temas no se trataba en ese ámbito, y asunto seguido se comenzó a hablar de la adquisición de un panteón del Círculo en el cementerio local para cuando se fueran muriendo.

Allí no había periodistas, sólo personas con miedo. Fue una revelación y un disparador para empezar a hacer algo al respecto.

Luego vino toda la historia.

Los primeros años, 2004 y 2005, atacamos la irregular situación de trabajadores forestales en la región. Trabajadores  en condiciones paupérrimas, que eran levantados al boleo en camionetas y llevados a los cultivos de árboles hasta sin preguntarles el nombre. Fueron tantas nuestras denuncias, que comenzó a formarse un sindicato y las empresas tuvieron que ir mejorando la situación de los trabajadores.

Durante años denunciamos que el Hospital Tacuarembó crecía sobre la base del marketing y la falta de atención a los pobres. Tuvimos por lo menos una docena de médicos y enfermeros que nos proporcionaban información, que no soportaban aquel drama. Varios casos de niños con cáncer fueron tratados por parásitos o enfermedades que definían clínicamente, sin atención. Tres bebés muertos por sufrimiento fetal agudo en un solo año, y sus  madres adolescentes llorando en nuestra casa, pidiendo justicia. Varios muertos por falta de atención.

Sin embargo, los medios de Tacuarembó llamaban al director y éste desmentía, y nosotros quedábamos como mentirosos frente a la población. Jamás se animaron a llamar a los afectados, a pesar de que les aportamos los nombres y los teléfonos. Entonces la población quedaba sin saber qué había pasado, y terminaba creyendo en algún periodista rentado que daba la noticia de una milagrosa cirugía en nuestro hospital, sin explicar que era la única, y que servía solamente como propaganda del director y del centro de salud.

Denunciamos en esos años que el Frigorífico Tacuarembó tenía más de 300 personas, ex empleados en su mayoría, con acciones de su Sociedad Anónima, sin haberles pagado jamás los dividendos. En aquel momento, más de 42 años sin pagarles dividendos de una SA que ya era exitosa. Hicimos notas a antiguos dirigentes sindicales, a trabajadores, a familiares de algunos ya fallecidos, y todos nos contaban de aquella injusticia. En varias ediciones publicamos información, y relatamos cómo un pequeño grupo de abogados capitalinos se había animado a tomar el caso. Finalmente la empresa dijo que por presión de la prensa (éramos los únicos que informábamos) había resuelto comprar todas las acciones en un millón de dólares, y finalmente se repartió ese dinero entre 300 familias pobres de nuestra ciudad. No hubo un solo medio de Tacuarembó que se animara a acompañarnos en aquella tarea, a pesar de que les aportamos teléfonos, nombres, etc.

Vivimos una fiesta en el hotel Tacuarembó, cuando se juntaron todos los accionistas pobres a levantar sus cheques. Con amor recuerdo la infinidad de abrazos que recibimos de toda aquella gente.

Desde el principio defendimos los temas ambientales, y denunciamos una terrible mortandad de peces en el río Tacuarembó, o el vaciamiento del campo de una cultura rural como consecuencia de la irrupción de la neo oligarquía extranjera, representada por empresas forestales trasnacionales.

Denunciamos las amenazas al acuífero Guaraní, la podredumbre del río Negro,  acompañamos a periodistas capitalinos a recabar información de interés  nacional, que denunciaban el arribo de empresas trasnacionales al país, algunas de ellas con pésimos antecedentes, como Zamin Ferrous y su utópico proyecto Aratirí.

Denunciamos la corrupción policial, y el ex Jefe de Policía de Tacuarembó, Edilberto Duarte, en memorable nota, terminó reconociendo que nuestra ciudad era “centro de tránsito del delito”, y que había policías que se corrompían “por 500 pesos”.

Denunciamos malos hábitos de policías en democracia, como torturas por ejemplo, y nos hicieron un juicio que finalmente ganamos. Pero en el ínterin, recibimos muchas amenazas, para ser concretos: 17 en un solo fin de semana.

Recordamos el asesinato de Víctor Hugo Olivera y publicamos la historia más cercana a la verdad de los hechos, en más de una ocasión. Publicamos la muerte de un joven de apellido Burgueño, montevideano, que apareció flotando en el Tacuarembó Chico una semana antes de salir de la cárcel, en una muerte jamás investigada. Y tantas historias más.

Siempre denunciamos las irregularidades municipales, la mala calidad de las obras, las empresas que siempre recibían los beneficios de las licitaciones, y los manejos que se hacían. El manejo electorero del personal municipal y la corrupción interna.

Denunciamos también las irregularidades internas de la Junta Departamental, así como el cobro de salarios encubiertos por casi todos los ediles, en formato de devolución de gastos.

Denunciamos la grave situación de ADEOMT y las presuntas estafas a centenares de trabajadores municipales, con préstamos usureros que los periodistas de Montevideo no podían creer, hasta que vino Brecha e investigó. Recordamos que los periodistas le hacían notas a los dirigentes involucrados, y luego denunciados, y estos negaban todo, diciendo que era una operación comunista de desprestigio del gobierno departamental. No hubo un solo medio de Tacuarembó que colaborara con nosotros en la investigación.

Denunciamos los malos manejos de los asuntos culturales, y la politización de los mismos. Entonces, en cada número la profesora María Stella Olivera Prietto proponía un cuento de un autor diferente cada semana, e información variada sobre la cultura. Nuestro afán de elevar el nivel de nuestros lectores fue muy obvio, y amamos hacerlo.

Cada nota, cada investigación que hicimos durante años, nos iba generando enemigos. No porque mintiéramos, sino porque ningún otro medio se animaba a hacer lo que nosotros sí hacíamos. Nosotros hacíamos periodismo en serio, pero quedábamos solos. Entonces el gran pueblo, el gran público, creía que exagerábamos, o mentíamos,  en programas radiales llegaron a desacreditarnos, hasta con insultos, tanto algunos periodistas como sus oyentes. Luego, en las redes, ni hablar. El insulto soez, la ignorancia desatada, el prejuicio y el resentimiento, han estado haciendo un trabajo violento e impúdico.

Nosotros no podíamos cambiar.

Sin embargo, hace un año un hombre nos paró en la calle y nos dijo que tuviéramos cuidado, que no habláramos de determinadas personas con poder en Tacuarembó (y las nombró), y nos aseguró que nos iba a pasar algo. A esa persona la conocemos, conocemos sus vínculos, sabemos que es peligrosa. Era obvio que le habían dicho que nos amenazara.

En estos años hemos recibido decenas y decenas de amenazas, algunas denunciamos, otras no, pero sabemos que las sombras son peligrosas. Los juicios que nos hicieron los ganamos todos, pero siempre queda el dolor por lo sucedido.

Hubo empresarios que nos castigaron quitándonos la publicidad, porque afectamos con algún artículo su logia, organización social, empresarial o política. No importó jamás que nosotros tuviéramos cientos de suscriptores y fuéramos una buena opción para promocionar productos.

Hubo empresarios que retiraron sus propagandas a pedido de dirigentes ejecutivos municipales. Recuerdo una semana que publicamos la foto de un camión de la Intendencia colgando un pasacalles anunciando un acto de Larrañaga, y a la semana siguiente perdimos siete publicidades de empresarios de Tacuarembó. Uno de ellos nos llamó y nos contó que lo habían llamado de la Intendencia para que sacara la propaganda, y nos propuso que le cobráramos igual. No lo hicimos, pero nos dejó bien en claro que en Tacuarembó hay que ser despreciablemente alcahuete para poder sobrevivir, y que la corrupción estaba enquistada en todos sus estamentos.

Con los partidos tradicionales tuvimos una distancia filosófica desde el principio, y con el Frente Amplio, fuimos distanciándonos en la medida que en nuestras notas aparecían los casos de Pluna y Ancap, el ocultamiento sobre desaparecidos, las dificultades para solucionar asuntos de derechos humanos, las irregularidades de empresas extranjeras y el gravísimo problema ambiental que generan proyectos productivos con pronósticos muy oscuros.

Los avances de la globalización, las redes y la gente opinando, junto con la creación de nuestra página web con un gran impacto, terminó de mostrarnos la verdadera cara de gran parte de nuestro pueblo.

En los últimos meses publicamos sobre las condiciones infrahumanas a las que están expuestos trabajadores arroceros en dos predios. Teníamos documentos y testimonios, sin embargo, hubo radios que dijeron que era mentira, porque simplemente hablaron con los dueños, jamás con los empleados explotados. Hicimos otras publicaciones, con contrastes también en las redes, de gente que sin saber opinaba, o insultaba, o buscaba rebuscadamente “operativos comunistas” contra la democracia e institucionalidad.

El avance atroz de la gente deseando la muerte de los “pichis”, el reclamo a la doble condena a los presos pidiendo que los maten, violen o les hagan pasar hambre, el pedido al regreso de la dictadura para sacar a los tupamaros y comunistas del gobierno, en arengas demenciales, nos ha mostrado un estado de situación de muchos de nuestros vecinos que es preocupante.

Pero también ha sucedido hacia nosotros, hacia el semanario, hacia sus periodistas, que personas desde una computadora insultan exacerbando a otras e induciéndolas también a insultar o difamar.

Por todos esos motivos, y muchísimos más, hemos resuelto cerrar el semanario.

No se trata de dinero, o que estemos fundidos. Con Ana María Barbosa como directora nuestras cuentas están al día, no le debemos un peso a nadie, y si bien la cobranza ha decaído, hemos recibido trimestralmente un subsidio del Ministerio de Industrias para la adquisición del papel, al igual que toda la prensa del interior del país, a la que ha ayudado de veras.

En realidad se trata de una opción de vida. No queremos más esa basura demencial de insultos y ninguneos, no queremos sufrir más viendo cómo nuestro trabajo es ocultado por todos los otros medios. No queremos que nos amenacen más desde la oscuridad, ni que nos insulten como parte de una locura colectiva. Podemos elegir, y lo estamos haciendo.

Es terrible ver cómo los corresponsales locales de medios de Montevideo ocultan  las verdaderas noticias que afectan a los sectores sumergidos locales, y muestran la foto bonita de la kermesse, como si todo fuera bello, despreciando al trabajador, hombre o mujer, que está sufriendo.

Estamos cansados del centralismo capitalino, y de cómo desde el norte subvencionamos con nuestras precariedades culturales, deportivas y laborales, obras faraónicas como el Antel Arena o las hermosísimas sales del SODRE. Ese centralismo que se usa como propaganda política, es una afrenta a estos pueblos norteños con los peores índices culturales y sociales del país.

Estamos seguros que nuestra población no conoce el verdadero rostro de Tacuarembó, y percibe una realidad armada por los medios locales. La omisión de información es una grosera manera de mentir, y la mentira es el alimento constante de los consumidores de información.

La escasa formación periodística y la información sesgada y prejuiciosa, provoca estragos en nuestra cultura, en la elaboración de una cosmovisión propia y quita el espíritu democrático en la opinión y las acciones.

Al gobierno local no le importa mejorar los niveles sociales, educativos y culturales de la población, porque su respuesta ante las necesidades locales ha sido el provecho propio, la actitud impune y el manejo discriminatorio de los recursos laborales de la Intendencia. Basta saber que varios correligionarios que han estado presos por diferentes ilícitos, al salir de la cárcel tienen asegurado un trabajo en alguna dependencia municipal.

El gobierno central, si bien se ha enfocado en algunos cambios estructurales, aún no le encuentra la vuelta y el sistema lo hace demasiado dependiente de los gobiernos departamentales hegemónicos.

A la sociedad en su conjunto, parecería que no le interesa cambiar algo de esta realidad norteña, tan lejana y tan cargada de inequidades.

Soportamos situaciones laborales insólitas que rayan en la explotación injusta, sin el control suficiente del Estado y sin que alguien haga algo al respecto. La situación en los aserraderos, los bajos sueldos de los trabajadores del comercio, la informalidad, el trabajo en negro, y el absoluto desinterés por mejorar esas situaciones, nos ha hecho pensar que existe un statu quo que se prefiere sostener.

Esta desigualdad compromete la justicia, las oportunidades, el futuro de nuestra juventud. Esta desigualdad disminuye la brecha de la gente del sur y posterga a la gente del norte.

Los medios capitalinos hablan del Uruguay profundo sin conocer siquiera cuál es nuestra realidad. Con nuestro semanario hemos estado en Rivera y denunciamos la explotación grosera en los shoppings, estuvimos en Tranqueras y comprobamos que 500 familias son explotadas, con sueldos que no superan los 10 mil pesos por mes, estuvimos en Artigas, y con el periodista Víctor Bacchetta trabajamos con superficiarios mineros de ágatas y amatistas, en situaciones desventajosas ante los explotadores de minas. Y los trabajadores impedidos de sindicalizarse y trabajando con todos los riesgos. Mineros, a los que, lamentablemente, toda la clase política les hace lobby, y no son más que explotadores y contrabandistas.

Duele el norte, duele Uruguay, y duele un sector importante de su gente.

Muchos periodistas y políticos locales nos han acusado de proporcionar información sesgada. Sin embargo hemos dicho lo que realmente ha preocupado a los sectores populares de nuestro pueblo, y hemos buscado la opinión de todos los actores públicos locales. Muchos de esos periodistas y políticos locales son los que han sesgado su trabajo, negando casi todo nuestro trabajo de investigación, endiosando a algunos mediocres hombres públicos locales, y soslayando, aún conociendo, su impunidad ante hechos de flagrante irregularidad. Eso es sesgar la información: negar lo obvio, lo irregular, lo que daña al pueblo, en favor de intereses espurios y provincianos.

Hemos sentido, finalmente, que no podíamos hacer nada más. Que no basta tener una ética y una moral dignas, que no basta la cultura y la información para poder trasladarla a la gente. La derecha opera destrozando esos elementos y juega con los prejuicios populares, escarbando en los peores instintos. Entonces saltan las voces insultantes, desde la más grotesca desinformación e ignorancia, y en un pueblo tan pequeño, estando tan solos, sabemos que a la larga cada vez será más peligroso.

Por otro lado, la izquierda está atrapada en fórmulas, y sus dirigentes son funcionarios públicos que temen perder sus cargos. Es así que cuando hablamos del medio ambiente, muchos militantes de izquierda se han borrado de sus suscripciones a nuestro semanario, o han hecho lo imposible para que desapareciéramos.

Nosotros estamos demasiado solos, y seguros que si seguimos haciendo notas, realizando investigaciones locales, seguiremos destapando asuntos vergonzantes, y sabemos que tendremos la misma respuesta de hace años, con el aditivo de que en este momento los ánimos están en peligroso desequilibrio.

Algunos podrán pensar que despreciamos un año electoral, que es pródigo en aportes de los partidos en propagandas, y que es una zafra para los medios. Pero nosotros preferimos no estar como periodistas a la hora de soportar todo lo que ello implica.

En lo personal nos gusta el arte, la lectura y tener siempre esperanzas. Estamos veteranos ya, pero aún en tiempos que podemos producir en áreas que hemos postergado. Por eso cerramos, porque creemos que desde al arte y la cultura podemos hacer un aporte diferente, porque es eso lo que le falta a la comunidad.

Es difícil agradecer uno a uno a todos los que nos han apoyado, pero cada uno sabe lo que ha significado para nosotros, y somos personas que sabemos reconocer la amistad cuando es buena.

Agradecemos profundamente a todos, y deseamos que estas épocas de la neo barbarie y la post verdad sean superadas, y la cordura vuelva a reinar, en favor de la democracia, la paz y la felicidad.

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